Parte de la sociedad vasca, le pese a quien le pese, no es precisamente un ejemplo de solidaridad y tolerancia. Y su buque insignia futbolístico, el Athletic Club, no constituye una excepción. Mimado y favorecido desde la más alta instancia del fútbol español, sobrevalorado por la prensa y consentido por una opinión pública que se tapa ojos y oídos ante el perenne adulterio de Liga y Copa tanto en enfrentamientos directos (entre vascos) como en flagrantes episodios de supuesto amaño como los casos Levante o Tenerife contra Real Sociedad. Se ven distintos y lo son, aunque humildad y generosidad no son precisamente su fuerte “¡Pues qué humilde era Jesús que nació en Belén pudiendo haberlo hecho en Bilbao!”
La denuncia ante la LFP y la ausencia total de empatía y comprensión ante la situación del Mallorca no son una sorpresa. Suspender la comida oficial, la gota que colma el vaso. El sobrenombre con que se conoce a sus futbolistas es todo un insulto al rey de la selva, al igual que el de su estadio, un agravio comparativo con la luz, el equilibrio y la grandiosidad del arte gótico. Son especiales, son de Bilbao. Arrieros somos y en el camino nos encontraremos señor Macua …
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