El juego alegre del Valladolid y el fútbol directo del Mallorca ofrecieron un partido de ida y vuelta. Un extraño toma y daca, vistoso para el espectador, pero al menos en apariencia, sin la tensión necesaria que exigía lo que había en juego.
Las ocasiones se sucedían en una y otra área. Aduriz, Jurado y un Arango, inspiradísimo a balón parado, mostraron la valía de un Asenjo que apunta a la portería de un grande. El partido se abría en exceso y se convertía en una verdadera ruleta rusa para un Mallorca mucho más necesitado que su rival. Pero cuando peor pintaban las cosas, Manzano apostó por Keita, que saltó al terreno de juego y dinamitó el encuentro. Aprovechó un gran salto de Aduriz y en jugada personal firmó la permanencia.
Los de Pucela, con mejor fútbol y sin pólvora sucumbían a la pegada de los rojillos. Se repetía de nuevo la historia de una segunda vuelta tan fantástica como afortunada. En definitiva, dos Keitazos y trece años en primera.
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