La justicia ha abandonado definitivamente al Mallorca a su suerte y permite que la infamia y la desvergüenza campen a sus anchas. El dueño, ahora, ha conseguido patente de corso hasta el treinta de enero. Después, otra treta y más tiempo para seguir deshonrando y descapitalizando el club. Mientras, el personaje cobrando traspasos y devolviendo pagarés y en el colmo de los colmos, entes públicos como IB3, entre otros, financiándolo hasta por anticipado ante la pasividad e incredulidad de los ciudadanos. Por no hablar de los acreedores, víctimas de una discriminación, una humillación y una injusticia inexplicables en los tiempos que corren.
El virus Grande suma y sigue y su efecto dominó es desolador. El Mallorca ya es un club irreconocible a todas luces. La decadencia, deportiva e institucional, es una bola de nieve cada vez más grande que amenaza lo peor. Es tiempo de crisis y es tiempo de cambio, de aire fresco, de savia nueva. En el campo, en los despachos y en los pasillos ¡Por Dios señor juez, es año nuevo!
Tampoco es posible defender por más tiempo al entrenador y sus muchachos. La mejor coartada de Manzano desde su llegada al Mallorca la han constituido los buenos peloteros: Basinas, Jonás, Ibagaza, Güiza, Fernando Navarro, Moyà ... Su ausencia le deja desnudo y entredicho frente a los hechos y su blog kumbayá nos saca de toda duda. Cada semana, diez buenas excusas para justificar los errores del domingo. Es repetitivo y al parecer inútil predicar que hay que pelear contra la adversidad, dar la cara y estar comprometidos para cada jornada volver al punto de partida.
No veo en Manzano al hombre capaz de cambiar la inercia del grupo. No le veo dando un puñetazo sobre la mesa. No les veo, ni a él ni a sus futbolistas, saliendo del cómodo letargo al que se han acostumbrado los últimos años. Se me hace muy difícil pensar que va a cambiar la motivación de estos chicos. La presión y el virus presidencial pueden hasta con el entrenador.
Ya no hay buenos peloteros, ya no hay buen Manzano. Al culpable de todo lo conocen ustedes de sobra, aunque no olviden que sin permanencia, no hay Mallorca.
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