Demasiado botín para el submarino amarillo que, a juzgar por lo sucedido en el terreno de juego, no jugó mejor que el Mallorca. Las dinámicas de grupo son muy difíciles de revertir. Y mucho más en fútbol. Once jornadas sin conocer la victoria en liga son demasiadas para hacer alusión a los árbitros, al infortunio o a cualquier otra excusa. Es cierto que ayer el equipo salió más enchufado que otras veces, que llegó con peligro al área rival, que el Villarreal sin crear ninguna ocasión mandaba dos cero en el marcador, que los de Manzano mostraron mejoría en la presión y en concentración. Sí, pero no basta. En cuatro minutos todo al traste. Un error en la marca de Josemi tras un saque de esquina y un penalti absurdo y gratuito de Ramis con el rival de espaldas a la portería, acabaron con cualquier esperanza. Esos pequeños detalles son definitivos con un conjunto de la talla del Villarreal.
Con el dos cero en contra y poca pólvora en las alforjas visitantes, la reanudación resultó cómoda para los de Peregrini. Serios atrás y a verlas venir. Resultado: dominio y posesión ficticia del Mallorca y contras mortales de los amarillos que sin tener su día se llevaron tres puntos sin apenas esfuerzo.
Comienza una segunda vuelta en la que hace falta un milagro. Con la plantilla de Grande no alcanza. A los Aduriz, Jurado, Martí, Mario o al mismo Aouate, que tuvo una buena actuación, hay que añadirle algún jugador que marque diferencias. Ayer, en la banda, mientras Ayoze y Keita calentaban, les acompañaba Pires. Ni más ni menos. Ahí radica el problema. Gracias Grande.
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