(Diario de Mallorca, 19 de octubre de 2009)
Sin balón
Saber jugar sin balón es una virtud muy reconocida por los expertos. El movimiento de los puntas arrastrando a sus marcadores para crear espacios a los que llegan en segunda línea. Diagonales explosivas y solidarias difíciles de apreciar para ojos poco avezados. Sin embargo el Mallorca de Manzano sorprende a todos y nos descubre otra forma revolucionaria de fútbol sin balón y no menos efectiva: jugar sin querer el esférico, entregándolo al contrario, concediéndole la iniciativa, esperándolo atrás, sólidos, sin errores, apostándolo todo al juego directo y a la pegada de los hombres de arriba. Tres goles, dos ocasiones, sin juego de transición, machacando a la contra, con un Aduriz extraordinario, con la madurez y el sitio de un Víctor generoso e intenso y también, porque no, con la fortuna. Esa que tienen los que confían en si mismos, los que saben a lo que juegan.
El Mallorca en Son Moix hace malos a los rivales. Los desespera, los desmoraliza, es como la célebre bebida energética, les da alas para cortárselas en el momento más oportuno. Cuando mejor juega el rival es cuando sentencian los de Manzano. Un gol concedido en casa y casi una media de tres por partido. Sin duda ninguna la lucidez de los futbolistas es la nota más destacada del excelente inicio de temporada. Mientras entrenador y consejero se siguen tirando los trastos los jugadores conservan la calma y enseñan a los incrédulos un amor propio y una profesionalidad dignas de todo encomio. Por mi que sigan enfadados. Funciona.
Saber jugar sin balón es una virtud muy reconocida por los expertos. El movimiento de los puntas arrastrando a sus marcadores para crear espacios a los que llegan en segunda línea. Diagonales explosivas y solidarias difíciles de apreciar para ojos poco avezados. Sin embargo el Mallorca de Manzano sorprende a todos y nos descubre otra forma revolucionaria de fútbol sin balón y no menos efectiva: jugar sin querer el esférico, entregándolo al contrario, concediéndole la iniciativa, esperándolo atrás, sólidos, sin errores, apostándolo todo al juego directo y a la pegada de los hombres de arriba. Tres goles, dos ocasiones, sin juego de transición, machacando a la contra, con un Aduriz extraordinario, con la madurez y el sitio de un Víctor generoso e intenso y también, porque no, con la fortuna. Esa que tienen los que confían en si mismos, los que saben a lo que juegan.
El Mallorca en Son Moix hace malos a los rivales. Los desespera, los desmoraliza, es como la célebre bebida energética, les da alas para cortárselas en el momento más oportuno. Cuando mejor juega el rival es cuando sentencian los de Manzano. Un gol concedido en casa y casi una media de tres por partido. Sin duda ninguna la lucidez de los futbolistas es la nota más destacada del excelente inicio de temporada. Mientras entrenador y consejero se siguen tirando los trastos los jugadores conservan la calma y enseñan a los incrédulos un amor propio y una profesionalidad dignas de todo encomio. Por mi que sigan enfadados. Funciona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario