Ahora ya sí, lo que sucede en el ridículo y bochornoso entorno del club se traduce en el terreno de juego. El Mallorca futbolísticamente es ya la viva imagen de su todavía propietario y presidente. Un grupo derrotado, sin rumbo, una nave a la deriva. Un juguete roto en manos de un Betis que perdonó una goleada de escándalo.
Los rojillos estaban todavía en el tunel de vestuarios cuando Damiá se adelantaba en el marcador. El síndrome Manzano, es decir, la empanada habitual con que saltan los jugadores al campo marca domingo a domingo el transcurso de los partidos que empiezan uno cero en contra. La falta de exigencia y carácter que define este Mallorca empieza a ser preocupante. Dos colistas, dos derrotas y cinco goles en contra sin contar el trofeo "kumbayá" Illes Balears.
El jienense ni ha encontrado el sistema de juego ni hay señalas de que lo vaya a hacer en el futuro. El crédito se agota para este equipo que tiene problemas por doquier. Sin centro del campo, sin bandas y sin aptitud ni actitud. Un grupo que está sin trabajar, cansado física y psíquicamente, abandonado a la mano de Dios. El Betis, que ha sufrido el primer tramo duro de calendario dió muestras de ser un equipo organizado y de gran calidad en algunos hombres. Casos de Emaná, Nemhet Aurelio, Edu o Damiá que ayer dieron todo un recital de fútbol y oficio.
Este es el Mallorca que nos ha dejado la insuperable gestión del señor Grande. Y este es el Mallorca que nos espera.
Tiene razón Manzano, en la rueda de prensa, al advertir que la plantilla del Betis supera en calidad a la suya. Él ha tragado con ella. Es el plantel mísero que le ha dado el presidente que tanto defiende. Haga lo mismo con los jugadores entrenador, o sino dimita. El tiempo para protestar ha caducado.
Le recuerdo al mallorquinismo que el que calla otorga y tiene lo que se merece.
No hay comentarios:
Publicar un comentario