Athletic 3, Mallorca 0 (El Mundo/El Día de Baleares, miércoles 22/09)
Todavía aturdidos y bajo los efectos de las perniciosas declaraciones de Manzano atribuyéndose todo el mérito de las perlas de la cantera mallorquinista y mallorquina, San Mamés castiga en exceso la bisoñez y la inexperiencia de los niños de Laudrup. El Mallorca sucumbió ante la misma medicina que el pasado domingo administró a Osasuna. Pegada sin argumento, o lo que es lo mismo, goles sin ocasiones.
El técnico danés sorprendió a todos con una valiente alineación que se quedó solo en eso. Dos hombres prácticamente arriba, Cavenaghi y Castro, acompañados por Pereira y Nsue en las bandas. Casi cuatro delanteros para enfrentar a unos leones que ya de entrada afilaron sus garras para desbordar por las bandas, donde Cendrós y Kevin se las veían y deseaban para tapar las peligrosas incursiones de los extremos rojiblancos.
Sin el balón, los de Caparrós se veían superados en el medio y concedían espacio y tiempo a los rojillos para sus contras. Pero la explosividad sin control, la precipitación y la falta de pausa de los Pereira, Nsue, Castro y compañía impidieron que finalizaran una sola jugada. Ante un Mallorca inofensivo los bilbaínos sabían que un gol era cuanto necesitaban para llevarse el partido. Y llegó sin merecerlo en un centro chut envenenado que envió David López al hueco y que se coló mansamente sin que Aouate pudiera evitarlo.
La reanudación pronto contó con la impagable ayuda del colegiado de turno que se inventó una falta máxima, por manos involuntarias de Nunes, que supuso el dos a cero y la sentencia definitiva del encuentro. El Mallorca no tuvo reacción, ni anímica, ni física. Se estrelló una y otra vez frente a un equipo al que le bastó con tirar de oficio y experiencia. La defensa del Athletic jugó sin sufrir, más cómoda que nunca frente a un Mallorca que presenta una más que preocupante falta de argumentos ofensivos para puntuar fuera de su campo. Sin gol, no hay paraíso.
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