Llorenç cambia el Mallorca
El lleno del domingo ante el Madrid no es ningún espejismo. La buena marcha de la campaña de socios, tampoco. En el Iberostar Estadio no ha cambiado tan solo el nombre, también la manera de hacer las cosas, la forma de entender el Mallorca, la única posible. La “fiesta” ha terminado, hay que reconstruir el club de arriba a abajo.
La frase tabú que más circulaba por el entorno avalada por peñistas de alto rango y periodistas de tronío rezaba “Manzano es el mejor entrenador que pueda tener el Mallorca”. Llorenç Serra la ha desmentido en menos de cinco minutos. Los que ha tardado en demostrar con Michael Laudrup que un buen entrenador se compromete por proyecto y no por presupuesto. Que el mister es quien está al servicio del club y no el club al servicio del mister. Que sin un duro también se puede ser ambicioso. Que hay que apostar por la gente de casa por filosofía primero y por viabilidad después. La banda derecha, por poner solo un ejemplo, que con Varela y Álvarez valía un millón setecientos mil euros, ahora vale cuatro veces menos con Emilio Nsue y Pereira y es tantas veces más fiable y competitiva. Sin ir más lejos, Pau Cendrós, Pina, Sergi Enrich y compañía han disfrutado de más minutos en un solo partido con Laudrup que con Manzano en cuatro años. La camiseta del entrenador es la más vendida en la tienda del Mallorca…, y con lo que ha llovido y lloverá, la entidad se despierta hoy con un punto ante el Madrid, una recaudación record, 16 millones menos de presupuesto, una plantilla tan fiable como la del año pasado y un “mallorquinismo positivo y comprometido” que respira ilusión por los cuatro costados.
Los futbolistas que se han quedado son los grandes fichajes de la temporada. Aouate, Nunes, Martí, Ramis, Castro… conforman la columna cerebral y vertebral del equipo. De ellos, de los de casa y de los De Guzmán y otros depende el factor clave de éxito presente y futuro: la permanencia. Sólo es el principio, no hay que echar las campanas al vuelo, pero algo ha cambiado, se respira aire fresco en el ambiente, se abre una puerta hacia la esperanza de un Mallorca serio y mallorquín.
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