El mal del Mallorca
Si algo no funciona, no lo repitas. Si Aduriz falló un penalti hace dos días, lo normal es que vuelva a hacerlo. Un entrenador que afirma estar atento a todos los detalles, tiene que asumir como propio el error del delantero vasco ¿O es que sólo está para adjudicarse lo bueno y rechazar lo malo?
La Liga es larga y da al César lo que es del César. El equipo cayó ayer derrotado merecidamente contra un equipo que no le ha ganado a nadie. La cruel realidad es que se ha terminado la época del patadón hacia arriba, del rebote y del gol inmerecido. Es tiempo de jugar al fútbol y olvidarse de los regalos propios del capricho o de la diosa fortuna. Está claro que lo que se ganó en Cornellá se perdió en Chapín.
Desde el maléfico stage en Madrid, los de Manzano no levantan cabeza. Cuanto más se alaba la labor del técnico fuera del terreno de juego, peor es el rendimiento de sus pupilos en el campo. Derrota en Copa, derrota en Madrid y lo mismo en Jerez. Ni Champions, ni Europa ni nada de nada. Los del jienense se han dormido en los laureles, han bajado los brazos y ya ni son ni sombra de sí mismos. Esto es lo que pasa cuando un grupo se instala en la relajación y en la autocomplacencia con permiso de su entrenador. En otras palabras: el bien de Manzano es el mal del Mallorca.
La realidad, les guste o no a algunos, es que el desmesurado afán de protagonismo del entrenador ha terminado con el buen juego de sus pupilos y con sus expectativas de futuro.
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