jueves, 9 de julio de 2009

"A Laporta, porta".

Desde que Guardiola está fuera de foco, en el Barça no dan una a derechas. Las señas de identidad, el sentido común y el discurso humilde, cauteloso y coherente de Pep se han esfumado con él.

Laporta ha estropeado en un mes lo que su entrenador ha logrado en once. Son antagónicos: verborrea incontinente, obsesivo afán de notoriedad y una falta de clase y señorío que no se corresponden con la entidad que representa. Poco presidente para tanto club.

El triplete, lejos de serenarle, le ha inmerso en una vorágine mediática que ni sabe ni puede asumir. Cada vez que habla se equivoca y contagia a algunos de sus compañeros de junta. Da la impresión que los títulos son obra del Guardiola Club de Fútbol y las metidas de pata del Fútbol Club Barcelona.

El mejor año del Barça muestra lo peor de Laporta. Al fin y al cabo, fichó a Guardiola obligado por una exitosa moción de censura que cambió el destino del club. Todo el mérito es de quien presentó la moción y de los que la votaron pensando que era un mal presidente. Y acertaron, porque en fútbol les aseguro que lo lógico es que Laporta no le coja el teléfono a Etoo, pero si es Etoo quien no contesta a Laporta, mal vamos.


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