La multitudinaria rueda de prensa sin comentarios para Davidson y la carta de disculpas al socio responde patológicamente al famoso silogismo jurídico "excusatio non petita, acusatio manifiesta". Inexpertos asesores de comunicación pululan por el club ya que lejos de una justifiación válida constituye la demostración palpable de lo que todos suponíamos de antemano. Davidson es a Grande lo que doña Rogelia a Mari Carmen y sus muñecos. El ventrilocuo de un británico cínico y patán, que no se ha salido ni un momento del guión marcado por Drac, que ha escrito, no tan sólo sus burdos comunicados, sino hasta los puntos y las comas de tan rancio y ridículo culebrón. Una tapadera, una coartada, para no vender el club, ganar tiempo y manejar y especular a su antojo y así no perder la palestra como única salida o alivio a su tragedia personal y familiar.
El personaje ha perdido definitivamente la poca credibilidad que le quedaba. Su menosprecio abarca a todos: a los administradores, a los acreedores, abogados, jueces, gestores, a los periodistas, a si mismo ... Convocando ruedas de prensa para nada, por pánico, puro miedo a la intervención judicial, proclamando con la boca pequeña que respeta a los acreedores para a renglón seguido provocarlos con nocturnidad, premeditación y alevosía, anunciando con descaro que va a obterner un supuesto beneficio de 9 millones de euros y en el colmo de los absurdos contradecir el informe de los administradores defendiendo que su activo supera en trescientos millones al pasivo. Mire usted caballero, si eso sucediera el concurso no existiría y que el número de acreedores particulares sea de cientos o de miles no convierte su pecado mortal en venial.
El gran dictador, cuya único parecido con Chaplin radica en su "vis cómica", está solo frente al mundo y navega sin rumbo como barco a la deriva. Las cuotas de fidelidad de los que siguen a su lado, las mueven hilos de interés o falta de dignidad, o ambas cuestiones a la vez. Otros, como Pere Terrasa, Pau Nadal, Pep Bonet, que dimitió cinco minutos antes que le echaran, tuvieron los arrestos y el respeto a si mismos de renunciar a sus cargos y abandonar la nave. Los que permanecen son cómplices accidentales, aunque al fin y a la postre, les guste o no, cómplices de la oligarquía y el despotismo que ha desembocado en la peor crisis instiucional de la historia del club. El equipo, al que hay que reconocer mejores resultados que los previstos, es ya víctima lógica del virus presidencial, un grupo deprimido dirigido por un Gregorio Manzano, honesto y buen profesional, pero decepcionado, desmotivado y defraudado por el hombre que él creía su máximo apoyo en el Mallorca. Y que conste que ni el entrenador, ni Nando Pons, ni los futbolistas, ni ningún estamento de la SAD tiene culpa alguna de lo que sucede.
El desenlace o la solución, pasa por Freddy Sheperd, cualquier otro comprador o por la intervención judicial: en primer lugar porque es el único modo de acabar de inmediato con el despotismo de Vicente Grande; en segundo, porque es de justicia para los acreedores y finalmente, porque es mil veces más fiable la gestión y la honradez de un administrador judicial que las del todavía presidente.
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