Estilo Mallorca
Son Moix es un fortín. El Mallorca en casa es la armada invencible. Ni más ni menos que una escuadra de Champions. El año no tan sólo empieza igual que el anterior sino mucho mejor.
El once de Manzano ha creado un estilo, un modo de jugar, una señal de identidad. Fútbol directo, poca elaboración, seriedad atrás, letal arriba y la fortuna de los que lo intentan, la de los campeones.
El estilo Mallorca barre a los rivales, los deja sin opción. El equipo saca adelante cuantos partidos juega en casa con una solvencia que ya no es fruto de la casualidad. Ayer Rubén dejó inédito a Llorente, Mattioni se comportó como un veterano y el duo Borja, Aduriz hizo el resto. Con dos puntas o con un punta cada oportunidad es un gol. Los leones no fueron una excepción y desaparecieron desquiciados del terreno de juego.
En la tarde de ayer los equipos jugaron un fútbol al revés. En vez de rivalizar por la posesión del esférico, lucharon por todo lo contrario. Estaba sentenciado que quien marcara primero jugaría con más comodidad y se llevaría el gato al agua. La pelea la ganó el que más fe tuvo en si mismo. Típico partido estilo Mallorca con un desafortunado colegiado dándoselas siempre del más listo de la clase.
Son Moix es un fortín. El Mallorca en casa es la armada invencible. Ni más ni menos que una escuadra de Champions. El año no tan sólo empieza igual que el anterior sino mucho mejor.
El once de Manzano ha creado un estilo, un modo de jugar, una señal de identidad. Fútbol directo, poca elaboración, seriedad atrás, letal arriba y la fortuna de los que lo intentan, la de los campeones.
El estilo Mallorca barre a los rivales, los deja sin opción. El equipo saca adelante cuantos partidos juega en casa con una solvencia que ya no es fruto de la casualidad. Ayer Rubén dejó inédito a Llorente, Mattioni se comportó como un veterano y el duo Borja, Aduriz hizo el resto. Con dos puntas o con un punta cada oportunidad es un gol. Los leones no fueron una excepción y desaparecieron desquiciados del terreno de juego.
En la tarde de ayer los equipos jugaron un fútbol al revés. En vez de rivalizar por la posesión del esférico, lucharon por todo lo contrario. Estaba sentenciado que quien marcara primero jugaría con más comodidad y se llevaría el gato al agua. La pelea la ganó el que más fe tuvo en si mismo. Típico partido estilo Mallorca con un desafortunado colegiado dándoselas siempre del más listo de la clase.
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